JOSÉ MIGUEL GÓMEZ ACOSTA

Escrito a lápiz en los muros de la sala, durante la exposicón "avergonzados, octubre de 2016

 

ORACIÓN DEL ESPECTADOR

 

Señor, que no sea yo un avergonzado, que no se regocijen de mí mis enemigos. Que se encienda una lámpara y alumbre a quien habita en esta casa. Avergonzados y humillados serán todos.

 

Todos son, menos yo, culpables de la gula. Del deseo, la ignorancia, la ostentación, la envidia. De colocar la piedra fuera de su lugar. De secar los torrentes y marchitar las hojas. De cortar las cabezas de nobles animales. De exhibir el trofeo.

 

Señor, cúbrelos de vergüenza, te lo ruego. Que se encienda la luz sobre los cielos. Que ilumine los huesos y la mueca. Y que, bajo tu luz, se queden atrapados en este gran museo al aire libre.

 

Yo, que no tengo culpa, miraré esta infinita naturaleza muerta, de tu mano.

 

José Miguel Gómez Acosta

Antonio Gámez

Articulo en foco sur, abril 2015

ABRIL

En abril, aguas mil... y mil golondrinas chillando por el aire... y miles de muertos en Nepal... y miles de víctimas silenciosas, huyendo del hambre y la guerra, perseguidas por sus credos, por sus diferencias sexuales y por su pobreza. La Iglesia colabora con el sistema de la represión, continuando, obsesivamente, con el peca-do nefando y la concupiscencia de la carne. De este modo, la provincia de Almería encabeza los delitos de odio (véase el 'Ideal' del 20 de abril). Concretamente, contra los homosexuales, según el informe del Ministerio del Interior. De los siete casos registrados, cuatro lo fueron por la orientación sexual de las víctimas. El perfil del agresor, mayoritariamente, es varón, español y homófobo. Todas estas cosas suceden en abril, como la magnífica exposición de Javier Huecas en la galería Arte 21, titulada 'Le bonheur de vivre' ('La alegría de vivir'), que nos reconforta en la desnudez de la verdad y belleza que despliega en todas sus obras. Haciendo un breve recorrido, citaremos sus pinturas, que constituyen una elegante síntesis visual, con un dominio espacial y cromático espectacular. Así, en 'El árbol de la alegría' predominan los colores planos, como un verde cálido, tropical, amarillo cadmio claro, azul ultramar, negro en las siluetas de las figuras, sobre fondo blanco. En esta obra, podemos encontrar el tema de la danza de Matisse. Otra obra del mismo estilo es 'Paraíso', subtitulada 'Danza de la noche o el pájaro azulgrana', donde varias mujeres van corriendo por una selva imaginaria, buscando desesperadamente una salida. En 'Ritmos lineales' y en 'Cítere', nos recuerda Javier Huecas a Henri Rousseau, el Aduanero, en la forma del follaje selvático, donde deslumbra por la limpieza ebúrnea del campo visual. Una grandiosa síntesis espacial y cromática. En este sentido, nos encontramos con 'Vuelo', cuyo arcoíris envuelve la silueta de una figura nadando, que me evoca la pintura etrusca de Taormina, en Sicilia, con una bella silueta de un hombre tirándose al agua. Pero lo más sorprendente de esta exposición está relacionado con la escultura. Me estoy refiriendo al maravilloso y proceloso modelado que emplea en su ejecución práctica. No so-lo nos asombra por la calidad formal y técnica, sino también por el discurso estético que destila de un modo amable y elegante en cada una de las terracotas expuestas. 'Disonancias' es una obra coral deslumbrante. Muy expresiva en los movimientos corporales de los personajes asexuados, donde rezuman el humor, la complicidad, la jocosidad, el diálogo, coloquial, posturas irreverentes, provocativas, risibles, pícaras, diablejos traviesos y goyescos tocando flautas de diferentes tamaños, cuya música invisible solo es escuchada por la figura situada justo en la esquina izquierda, que observa pensativa toda esa inmensa fabulación que continúa hasta el otro extremo. Unos personajes tremendamente expresivos, que es lo que le da encanto y alegría a la composición: unos personajes que tocan palmas, tocan flautas, otro tapándose las orejas, protegiéndose de un supuesto sonido ensordecedor, otro metiéndose la flauta por el ojo, otro por el ano. Sus figuras tienen algo del mundo 'bosquiano', con un halo de imaginación y fantasía desbordantes. En medio de esta concertina disparatada, sobresale un gordinflón o gordinflona, muy orondo, cantando al aire con una boca cómica descomunal. Un excelente contrapunto a toda la composición. Finalmente, Javier Huecas nos vuelve a sorprender con sus barros íntimos relacionados con el amor. 'Amantes' es una serie de relaciones amorosas, explícitamente sexuales, entre personas del mismo sexo, modeladas de un modo natural, que atraen por la serenidad y el refinamiento de su elaboración. Lesbianas que se gozan dulcemente con un sentido cómplice en su intercambio sexual. Su relación comunicativa se establece sobre un cubículo, adoptando las figuras distintas posturas lésbicas; unas están sedentes, otras recostadas, otras tumbadas... Hasta encontrarnos con el beso excepcional de 'Pepe y Julián'. Un bello círculo de amor, unido tan solo por un beso enroscado entre los brazos y los labios de los amantes, donde cuidadosamente cada uno guarda su propio espacio. Al salir de la exposición, paró la lluvia, refulgiendo en el horizonte un bello arcoíris, que me transmitió un sentimiento de esperanza en estos tiempos tan revueltos. «Abril, para vivir», que cantara nuestro admirado Carlos Cano. Gozar la vida, amaros. Feliz primavera. Gracias, Javier.

`Amantes'. Javier Huecas. (Barro, 2015).

'Le bonheur de vivre'. Javier Huecas. Galería Arte 21. Calle de las Tiendas, Almería.

Jordi Garriga

Nota de prensa para la exposición.

NOTAS A LA EXPOSICIÓN DE 2015 EN ARTE 21

Javier Huecas es un artista, que aunque nacido en el Prat del Llobregat en  1958, lleva viviendo en Almería desde 1984. Es conocido sobre todo por las piezas de bronce que hay en Almería como "Encarna", en la plaza San Sebastian o el grupo escultórico inconcluso que esta enfrente el teatro Apolo de la capital, pero tiene una larga trayectoria como escultor, pintor e ilustrador. La exposición se titula "Le bonheur de vivre", la alegría de vivir que es una referencia a la pintura de Matisse, y al ambiente francés que rodea la obra. "Lujo, calma y voluptuosidad" es el subtítulo dela exposición y nos evoca la poesía de Baudelaire.

Es un homenaje a los sentidos, al color y la  exhuberancia; presenta una colección de pinturas sobre tela de gran formato, 14 esculturas individuales  y un grupo escultórico de 30 figuras. Una obra en su conjunto concebida entre 2002 y 2008 en un tiempo en que estuvo viviendo en el campo; obra con mucho colorido, ritmo formal y mucha  ironía, la música de Debussy flota en el ambiente.
Son pinturas trabajadas en tintas  casi planas, con colores saturados y figuras negras que se mueven voluptuosamente en un mundo selvático, primitivo, como del aduanero Rousseau; una selección de 9 figuras entre otras muchas que realizó en su momento en la que se explora la relación entre dos cuerpos en un juego sensual y erótico... el tema del sueño, con niños durmiendo yun caracol imagen onírica del dormir y un gran conjunto de 30 figuras dedicado a la música donde 30 hombres exploran las posibilidades de la flauta mientras una diva canta con todo su entusiasmo.

Es a nuestro modo de ver una preciosa  exposición donde el ritmo y la sensualidad están  presentes en todas las piezas en palabras de Baudelaire:

"...Allá, todo es orden y belleza,
Lujo, calma y voluptuosidad..."

Charles Baudelaire, Invitación  al Viaje,  poema número 53 de Las flores del mal

jacinto castillo
Artículo en la voz de Almería, el 24 de marzo 2015

Javier Huecas desata la “alegría de vivir” en las dos plantas de  Arte 21 

jacinto castillo
Artículo aparecido en la voz de Almería, el 24 de marzo 2015
 
Desde el pasado 19 de marzo Arte 21 acoge una exposición de Javier Huecas, titulada ‘Le bonheur de vivre’ en la que este artista almeriense destila las emociones esenciales en la concisión de la linea y el color y en la voluptuosidad de su escultura.  
Si en sus telas de gran formato Huecas propone un camino al paraíso íntimo en el que nada se aparta de ese eterno vital que es la felicidad, en sus poderosas figuras en gres, plasma de manera explícita la inevitable servidumbre del placer, que convierte la anatomía en lenguaje poético, puede que filosófico. Cuerpos arqueados de pura concupiscencia, ya sea en dos o tres dimensiones, pero siempre a salvo de contextos morales o de obstáculos que pudieran romper esa aspiración vital última, recogida en el título de la exposición en uno de los idiomas que mejor la ha tratado.
A diferencia de  muchas obras artísticas que dejan tácitamente la pregunta ¿para qué? sin responder, las telas y las esculturas de Huecas ofrecen la evidencia como  respuesta y la sinceridad del artista como mejor argumento. Son, sin duda, lo más honesto que el autor puede ofrecer al espectador de estas composiciones, en las que los cuerpos fluyen en una atmósfera de transparencia y de luminosidad. También en una soledad incontestable, que parece ser el único hábitat en el que sobreviven las pasiones más duraderas. Es decir, las únicas que merecen la pena ser representadas. 


 
Jacinto Castillo Milán
José Miguel Gómez Acosta
Textos sobre el Grupo de Aulago.
El Ideal de Almería 11 de Diciembre 2007

El grupo de Aulago,  José Miguel Gómez Acosta 

 

Conocí al pintor Javier Huecas a principios de los años noventa. Después de ser su alumno tuve la suerte de seguir unido a él gracias a una amistad que dura ya casi veinte años.  Durante ese tiempo se formó el grupo de Aulago. 

 

Aulago tiene menos de cien habitantes durante el año. Se sitúa en la falda de unas montañas que ascienden rápidamente hasta alcanzar los 2.168 metros de altitud. Estas montañas unen las provincias de Granada y Almería en una unidad de paisaje formada a su vez por muchos paisajes particulares: grandes vacíos de piedra en lo más alto, las cúpulas del observatorio astronómico, los frondosos bosques de pinos jóvenes, los torrentes y las ramblas, los restos abandonados de la actividad minera, caminos vacíos la mayor parte del año o retazos de arquitectura tradicional que salpican el monte bajo.  Aulago es el punto de encuentro. Desde hace más de una década es el lugar de reunión de ocho personas, ocho amigos, dedicados a la pintura, la escultura o la arquitectura. La finalidad del encuentro es dibujar al aire libre durante la primera semana de julio. Un ritual imprescindible que marca el comienzo del verano. 

 

La actividad que desarrollamos en Aulago es de una sencillez radical y desde su comienzo carente de grandes pretensiones. Poco más que una excusa para mirar un paisaje.  Nuestro punto de referencia, desde donde partimos cada mañana y adonde volvemos cada noche, es una pequeña casa en la parte alta del pueblo. Un ejemplo cuidadoso de arquitectura vernácula.  El programa diario es sencillo y breve. Poco después del amanecer nos levantamos. Tras el desayuno, ascendemos a la montaña. La jornada de trabajo dura entre ocho y diez horas. La única ocupación de ese tiempo es buscar lugares en los que detenernos a dibujar o pintar, según el caso. Encontramos paisajes alejados y cambiantes, que revelan todas sus caras con las distintas luces del día. Al atardecer regresamos y al llegar encendemos el fuego. Mostramos el trabajo del día. Cenamos, conversamos hasta la madrugada. Después, cada uno se retira. Se apagan las luces esperando que llegue la jornada siguiente, que se repetirá idéntica en actividad y diferente en paisajes. 

 

Aulago, es, ante todo, una experiencia de paisaje. Una experiencia de representación. Representación arquitectónica pero a la vez multidisciplinar. Una forma de mirar, de transformar el territorio en paisaje a través de la mirada. Es también una instantánea. La muestra detenida de un tiempo preciso, donde el vacío natural y las ruinas construidas se combinan, en sus tiempos particulares, con la transformación, la actividad y el cambio.  Aulago es una manera de establecer relaciones con un lugar y con unas personas. En ese sentido, es pura arquitectura. Representa un deseo, varios deseos. El deseo de poner en valor un paisaje y, de este modo, pertenecer a él. De realizar un catálogo dibujado de relaciones visuales, sensitivas, espaciales, físicas. El deseo de que ese catálogo nutra el resto del año. Y, ante todo, el deseo de mirar. 

 

Durante años cada miembro del grupo fue dejando atrás la línea de trabajo que realizaba durante el invierno (aunque, sin duda, partiendo también de ella) para recorrer estas montañas en busca de paisajes en los que desaparecer a través de la pintura o el dibujo.  El primer objetivo, observar el paisaje para, desde el ojo, traducirlo en un gesto de la mano, se fue enriqueciendo con otros. La reunión periódica de amigos, la visita de lugares donde aún se conserva una relación con lo natural aprendida de antaño, el acto solitario de encarar un paisaje silencioso, el gusto por intentar recuperar el fluir de la mano sobre el papel. El placer de ejercitar la mirada. 

 

Y, a través de esa repetición de lugares y paisajes, siempre los mismos y siempre distintos durante años, el trabajo de Aulago adquirió una cierta consistencia. Al volver sobre los mismos motivos insistentemente llegaron a mostrarse no sólo los cambios reales que, año tras año, aparecían (o no), sino también las diferencias de la mirada. Diferencias entre los componentes del grupo y también entre la visión de una misma persona a lo largo del tiempo. 

 

El catálogo de lugares tomó cuerpo cuando se convirtió en un elemento poderoso de reflexión sobre el paisaje. Sobre nuestro lugar, el espacio común sobre los restos de una tradición, sobre los ciclos que, como oleadas, se suceden en la biografía del territorio.  Intentar comprender qué significan las ruinas increíbles de un patrimonio de arqueología industrial minera que parece reabsorberse en la naturaleza, integrándose atemporalmente. Qué nos revela el hecho de que los bosques jóvenes vuelvan a levantarse donde un día hubo bosques antiguos ya perdidos. Qué ocurre en las pequeñas poblaciones, cómo son los restos de su arquitectura. Cuál es el valor del vacío, del espacio no habitado regularmente por el hombre. 

 

 El hecho de representar un instante preciso, el actual, hizo que el trabajo de Aulago se convirtiera en una suerte de intervención, muy leve pero real, sobre el territorio, capaz de ponerlo en valor desde una óptica inusual, fijando un momento de su existencia y un sentido de lectura. De este modo, la geografía pudo convertirse en paisaje. Aulago, desde su gran modestia, se convirtió en excusa para poder elaborar  una verdadera idea de respeto hacia la montaña, el árbol, el animal y el propio ser humano. De comprensión e integración de una tradición de múltiples vértices.  

 

Aulago es el descubrimiento de lo más elevado en lo más cercano y, a veces, también en lo más pequeño. Una forma de expresar el amor por nuestra tierra y a la vez, la tierra de todos, la de cada uno. Desde Aulago se puede poner en valor el paisaje particular, su historia y su futuro. Pero también todos los paisajes, el concepto mismo de paisaje.  

 

Todo mediante esa forma extraña de aproximación que no pasa por la construcción sino por el pensamiento, la palabra y el dibujo. 

 

 

La primera muestra del grupo de Aulago tuvo lugar en diciembre de 2008 en Almería. Los participantes fueron: Javier Huecas, Francisco Carreño, Jordi Garriga, Tello González, Carlos Villalobos, Tremedad Gneco, Pedro Gamonal y José Miguel Gómez Acosta. 

 

 Ramón crespo

Sobre Javier Huecas . La Voz de Almería  29 abril 2015


Javier Huecas. 'El gran sueño' 

El eterno mito de la Arcadia es uno de los temas centrales de la exposición Le bonheur de vivre que Javier Huecas clausura el jueves 3o en la Galería Arte 21. Sus obras comparten el esplendor de un renacimiento, de una vita nuova, la que el artista inicia después de un viaje a un lugar que no existe, todo paraíso es siempre imaginario, y donde descubre la felicidad entre cuerpos que danzan desnudos al son de la música. Allí, decía Baudelaire que "todo es orden y belleza, lujo, calma y voluptuosidad". Para dar testimonio de ese viaje a Citeres, la isla de Venus, un sueño que acompaña al hombre desde los orígenes, utiliza colores acrílicos que deslumbran por su armonía, como si manaran de una fuente metafórica que liberara amarillos, verdes, fucsias, azules, en tonos irreales pero verosímiles, y renacieran en una figuración donde la pureza de la línea alcanza a expresar la alegría de la existencia. Cuando nos situamos delante de estas obras oímos, entre unas hojas de palma, las notas de Debussy, de su Preludio a la siesta de un fauno, y esa música nos traslada a Matisse, a un corro de figuras danzantes que el maestro pinta en el corazón de un cuadro, "Alegría de vivir", y que bastantes años después volverá a recrear en sus "Danzas". Pero Javier Huecas consigue aligerar aún más, si cabe, el dibujo de su admirado maestro, esquematizándolo, llevándolo a una realidad simbólica, que es el reino de la ficción pero una ficción que también forma parte de nuestras vidas. 

Esta síntesis expresiva es fruto de la maestría de un artista que domina la composición y dibuja y pinta en un espacio incorpóreo, como lo hace la música, sin más asideros que la blancura del lienzo, porque Huecas es pintor pero también escultor. El artista incluye en esta exposición varias piezas en gres y óxidos, entre las que destaca su serie sobre "los músicos". La música, de nuevo, como contrapunto que engarza dos formas de expresión. Estas figuras de piel mineral encarnan en sus gestos lo soez y lo delirante, lo absurdo y lo cómico. La mirada del escultor, irónica y lucida, tan afín a la mirada de la modernidad,  recrea a través de las actitudes de estos personajes un vasto catálogo de nuestras miserias, algunas pretendidamente secretas, que son una prueba de la estupidez, y reflejan la condición humana. En estos tiempos encontrar aun artista que haga de su obra un motivo para la reflexión es poco frecuente. La belleza, lamentablemente, no parece dispuesta a servir ni a la verdad ni al pensamiento. De ahí que esta exposición venga a dar sentido a la que debería ser la verdadera función del arte, aunque a muchos no les interese saber cuál es.