Rafael Gadea.

 

 

http://rafaelgadea.blogspot.com.es/

 

Natural de Barcelona.

Pintor autodidacta.
Pasa su infancia en Barcelona, Teruel y Bélgica.
Reside en Almería desde 1970.
Ha estudiado grabado en la Escuela de Artes y restauración en el Taller de Estrella Arcos de Almería y ha participado, desde 1982, en numerosas    exposiciones, tanto individuales como colectivas, de pintura y grabado.
Participó en Arco, así como en numerosas ocasiones en la Feria de arte de Barcelona y Art Ibiza.
Bienal  Internacional de Almería.
Homenaje a Antonio Machado, Casa de Murillo, Sevilla.
IX Certamen Nacional de Pintura de Almería en Interart, de Valencia, en 1997 y 1998.
Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Málaga.
Miembro de la Asociación de Pintores Almerienses.
Premio de grabado Máximo Ramos en La Coruña.
Ha ilustrado la "Educación de Adultos semipresencial", núcleos 3 y 4, Sevilla,  promovida por la Junta de Andalucía.
Ilustraciones para la revista "Zégel" y "Quimera".
Libro cátálogo sobre la obra de Juan Goytisolo y Antonio Saura.
"Encuentros", homenaje a José Hierro.
Cuentos del Cabo de Gata, ilustración del texto de Kayros.
Ilustración en la revista "Buxia", número dedicado a José Hierro.
Aula de Poesía de Almería, ilustraciones a Angel Gónzálezny al cuaderno  Nuevas Perspectivas Liricas.2010 exposición en el Centro de Arte Museo de Almería, CAMA.

 Fotografia Luis Matilla

paisaje desde el tren
paisaje desde el tren
demasiado cerca
demasiado cerca
sombras de la nada
sombras de la nada

Texto de Andrés Ibañez en el diario de Almería, publicado el 19 de enero del 2017 en memoria del fallecimiento de Rafael, la noche de reyes de 2017.

 

LA GRACIA DE RAFAEL

 

rafael le gustaba contar chistes. Su peculiar sentido del humor, que escondía una finísima ironía bajo su apariencia de ingenuidad, convertía en memorables muchas reuniones con los amigos. Pero la verdadera gracia de Rafael era otra. Estaba dotado de un talento espontáneo para la aventura plástica, para el juego estético de las formas, de la línea y del color. Un don innato, un precioso regalo, que él supo aprovechar felizmente para deleite de los degustadores de arte pictórico. Rafael había nacido con una natural facilidad para el hallazgo de la belleza. Puesto en trance creativo, en cualquier tesitura o situación que no necesitaba de protocolos o concentraciones, era capaz siempre de hacer surgir el ritmo exacto, la línea justa, el color adecuado o el equilibrio compositivo general con genial ocurrencia, verdaderamente interesante. Daba igual que fuese un dibujo, un óleo o un grabado; funcionaba con análoga gracia tanto en la línea como en la mancha. Esa facilidad apabullante para el desvelamiento de la forma, como algo que fluye de forma elemental, escondía una sabiduría auténtica y profundísima para el alumbramiento de las imágenes. Rafael convertía en una suerte de experimentación o más bien en juego el acto de crear porque, en el fondo, no dejó nunca de ser un niño, con su pureza y autenticidad, sin el menor rastro de impostura. Todos los niños, hasta que su entorno empieza a desviarlos, poseen ese instinto natural para la gracia de lo estético, como los pintores de las tribus o los salvajes menos contaminados de civilización. En este sentido, siempre he establecido en mis esquemas mentales una conexión de Rafael con Pedro Gilabert, nuestro esencial escultor almanzoreño. Se daba en ambos esa total incontaminación, esa beatífica pureza ajena a cualquier intelectualización del hecho artístico. Por eso me choca, y mucho, que todavía sigan insistiendo algunos en buscar influencias cuando, por medio de disertaciones pretendidamente doctas o aventajadas, se ocupan de la obra de artistas que pertenecen a esta familia de bendecidos por la gracia de lo plástico. Ni Rafael Gadea ni Pedro Gilabert necesitan ser comparados con ningún famoso prócer para mostrar su grandeza. La autenticidad de sus creaciones muestra la verdad más pura del arte, entendida como revelación.

 

http://www.elalmeria.es/opinion/articulos/gracia-rafael_0_1101190126.html